SITUACIÓN ACTUAL

 

HOY el mundo se une velozmente y no quedan rincones separados e inexplorados. Los hilos de la economía interconectan el mundo, desde las altas torres financieras hasta la más humilde de las chozas. Las comunicaciones de todo tipo abren ventanas en todas direcciones, mientras miles de millones de personas se mueven por la piel del planeta buscando el cumplimiento de sus mejores esperanzas. Las historias, los mitos de cada pueblo, sus preguntas acerca de la vida y su significado se escuchan en todas las lenguas y las culturas se tocan. La ciencia y el conocimiento han alumbrado la capacidad de mejorar la vida más allá de lo que se alcanzó a soñar en otras épocas.

Por primera vez es posible lograr condiciones de vida digna en lo que hace a alimentación, salud, educación, vivienda para toda la humanidad…

Pero esta posibilidad no se realiza porque la especulación monstruosa de los poderes financieros lo impide.

 

HOY, todavía, el poder universal del dinero se impone a la vida generando violencia y desigualdad creciente. Para ello usa todos los medios a su alcance: financieros, políticos y periodísticos. Poblaciones empobrecidas en amplias franjas del planeta se rompen emigrando sus jóvenes a países ricos, donde encontrarán el infierno del subempleo y otras formas de esclavitud. El complejo militar-industrial emprende aventuras sangrientas caracterizadas por la crueldad, la ceguera y la estupidez, con consecuencias desastrosas.

Por esta difícil situación atraviesa hoy el ser humano. La compleja encrucijada de un sistema que globalmente está en crisis y que no es perfectible sino que aboca a una degradación progresiva de la vida en el planeta o bien a un cambio de dirección y una transformación esencial.

 

CULTURAS E INMIGRACIÓN EN EUROPA

 

Las culturas que conviven en Europa son todas las culturas del mundo y la inmigración es la principal vía por la que se ha producido este encuentro.

La inmigración es uno de los fenómenos importantes de nuestra época y su papel resultará esencial para la construcción del futuro. Es una respuesta a la violencia económica y la injusticia en su lugar de origen y un aporte de trabajo y cultura en los países a los que llega, aunque también aquí, en su destino, pondrá a prueba la violencia o la humanidad de la gente del lugar.

En los últimos veinte años se han ahondado las diferencias entre países ricos y pobres. Este fracaso del modelo económico neoliberal trae como consecuencia una presión migratoria que seguirá creciendo mientras perdure la dirección actual del sistema.

El bloque económico europeo está articulando para sus países miembros políticas migratorias y leyes de Extranjería cuyo factor común es el intento de “controlar” los flujos, pero carece de intenciones políticas que puedan invertir el proceso de desigualdad internacional creciente.

Su tecnología es simple: recortar derechos básicos a los inmigrantes que no tengan determinados documentos, instalando el temor a la expulsión para centenares de miles de personas mediante la aplicación discrecional de la ley.

Su objetivo resulta también evidente: convertir el complejo mundo de la Inmigración en una reserva controlable de mano de obra atemorizada, barata y sumisa. Es claro que quienes legislan intentan evitar una hipotética avalancha de gentes que quieren trabajar, comer, vivir. Y suponen que permanecerán tranquilamente en sus campos de la escasez, paciendo ordenadamente a la espera de que se les conceda un visado. Para garantizar que nada se salga de ese guión usarán los medios policiales y militares, siempre que sea necesario. Esta mirada deshumanizada, que ve a la gente como ganado, es la que tienen nuestros gobernantes y los que gobiernan a nuestros gobernantes sobre uno de los temas más importantes de nuestra época. Ellos no tienen soluciones para la inmigración.

Tampoco tienen solución los que hacen bandera de los propios valores (raza, nación, etc.) y ladran para ahuyentar a los extraños. Su proyecto, a lo sumo, es el de un predador.

Están también los hipócritas bienpensantes, que practican la estética de la tolerancia, mientras su barrio no cambie de color. Ellos no ayudarán mucho en estos tiempos porque su coherencia personal es poca y su proyecto de futuro no contiene a los otros.

Por último están quienes, conmovidos en su buena fe por el dolor ajeno, piensan, sin embargo que se trata de un problema aislado, una mala gestión de un problema “humanitario” y no se cuestionan la dirección del sistema que lo produce.

Lo que nosotros queremos no es “posible” para ellos, porque no está en su mirada ni en su proyecto.